As representacions teatrales no cárcere e unha promesa

telon-2400x1232«En cierta ocasión, un militante que formaba parte de los intelectuales fue detenido. En los interrogatorios iniciales se mostró muy entero, negando toda acusación. La policía, conocedora de la sensibilidad y humanidad del detenido, optó por utilizar la siguiente táctica. Obligó a ir a comisaría al padre de otro detenido y amenazó a nuestro intelectual, diciéndole: «Si no hablas, voy a casa de tu padre y lo traigo, igual que he hecho con el padre de tu compañero». Nuestro hombre, firme hasta ese momento, se desmoronó y le dijo a la policía que si dejaban en paz a su padre, él hablaría. Pero aquí no acaba la historia. Aquel camarada quedó profundamente afectado por su actitud. Su grandeza le llevó a reconocer ante nosotros su debilidad, cosa que otros, que pusieron en peligro a muchos compañeros, no han sido capaces de hacer. Su sentimiento de culpa le llevó a autoimponerse un castigo. Estando en la cárcel de La Coruña, escribió una obra de teatro, El crimen de la calle Contreras. A modo de penitencia, él mismo se ofreció para desempeñar la función de apuntador y el papel de confidente de la policía.»

Paco Balón: Memorias de un comunista ferrolano. Edicións do Castro, 1999,

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Teatro no cárcere

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“A destacar el éxito-éxito-éxito del sábado con “La pereza” de Ricardo Taselnik, genial interpretación de Rafael Bárez, en el papel que, en teatro, había interpretado Fernando F. Gómez, cuando el resto de la compañía estaba toda desanimada: creía que no iba a gustar y fue nuestro mayor éxito hasta la fecha.

En el reparto figuraban también: Ángel Cortizas, Isidoro (¿Manteca Ramos?), J.M. (¿Juan Mª Castro Paz?), Rafael Pillado y yo mismo”

Jose Torregrosa, preso no 1972

https://josetorregrosa.wordpress.com/2012/08/12/cartas-desde-mi-celda-20/

Ping Pong

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“En el apartado deportivo, también contamos con el ping-pong. Las mesas que teníamos para comer, unidas por sus cabezas, nos permitían configurar un campo de operaciones. Pese a las irregularidades de su superficie, nos dotaba de un nuevo juego. La red que dividía el campo la improvisamos cosiendo varias bolsas de cebollas, tensadas con cuerdas y unos soportes. Tras pedir a casa las raquetas, celebramos, durante meses, competiciones diversas. Reconozco que fue ahí donde aprendí un poco de ese deporte”.

De: PILLADO, Rafael : “Latidos de Vida y de Conciencia” Ed. Fuxo Buxan, Ferrol, 2012

As representacions teatrales no cárcere e unha promesa

carcel torregrosa«En cierta ocasión, un militante que formaba parte de los intelectuales fue detenido. En los interrogatorios iniciales se mostró muy entero, negando toda acusación. La policía, conocedora de la sensibilidad y humanidad del detenido, optó por utilizar la siguiente táctica. Obligó a ir a comisaría al padre de otro detenido y amenazó a nuestro intelectual, diciéndole: «Si no hablas, voy a casa de tu padre y lo traigo, igual que he hecho con el padre de tu compañero». Nuestro hombre, firme hasta ese momento, se desmoronó y le dijo a la policía que si dejaban en paz a su padre, él hablaría. Pero aquí no acaba la historia. Aquel camarada quedó profundamente afectado por su actitud. Su grandeza le llevó a reconocer ante nosotros su debilidad, cosa que otros, que pusieron en peligro a muchos compañeros, no han sido capaces de hacer. Su sentimiento de culpa le llevó a autoimponerse un castigo. Estando en la cárcel de La Coruña, escribió una obra de teatro, El crimen de la calle Contreras (sic). A modo de penitencia, él mismo se ofreció para desempeñar la función de apuntador y el papel de confidente de la policía.»

Paco Balón: Memorias de un comunista ferrolano. Ediciós do Castro, 1999,

Lectura, deporte e axedrez

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“Las formas de entretenimiento eran muy variadas. Además de las lecturas con los fondos de biblioteca que fuimos formando, teníamos acceso a la televisión, un bien escaso para los presos en esa época. La práctica del fútbol fue sistematizada en tanto pudimos constituir dos equipos. Desde los primeros momentos, se formaron por sectores: “talleres” (me refiero a trabajadores de talleres de Bazán) o “profesiones”.

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Teatro de Bretch no cárcere

Y sobre todo, el Teatro. Dos personajes centrales para el tema: Rafael Bárez y José Torregrosa. Constituía la actividad cultural más importante y la que requería mayor esfuerzo y dedicación.

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Al principio, personalmente, no le prestaba mucha atención: andaba muy ocupado con el parchís. En esas lides teatrales, participaba parte importante de los que allí estábamos, aunque sólo fuera como público de los espectáculos. Poco a poco, las sesiones a las que nos “obligaban” a asistir, fueron provocando mi atención. Señalo aquí dos momentos que me quedaron grabados en la memoria por mérito propio. Programada la representación de “La Comuna” de Bertolt Bretch, habíamos estado esperando a que, por medio de los abogados, nos mandasen el texto desde fuera y, al final, no llegó. Debo decir que, en este momento, ya era yo un participante asiduo y activo.

La militancia política, que tanto ha significado en mi vida, me proporcionó la ocasión de trabajar como actor en una representación teatral hecha por y para prisioneros políticos. Un motivo más para sentirme orgulloso de mi militancia.

Torregrosa se rompía la cabeza para buscar otra actividad teatral alternativa. Creo que fue Riobó quien propuso que nos riésemos un poco de los dimes y diretes de nuestra propia comuna; él solía burlarse, cariñosamente, de los acontecimientos cotidianos. Para mí, aquella representación resultó sensacional. Nos habíamos reído ampliamente de nuestros defectos y manías. Seguro se había producido la catarsis. Todos salimos de la representación yo no sé si mejores, pero, desde luego, absolutamente felices.

El segundo momento del que me acuerdo fue en otra representación en la que, para aportar colorido al ambiente, se cubrieron los bancos del público con un papel rojo. A punto de empezar la función, y al sentarse todo el mundo, no recuerdo por qué, se retrasó el inicio de las actuaciones. Al levantarse algunos impacientes, se inició una carcajada impresionante. Los de atrás veían a los de delante y se partían de risa. Todas las filas comenzaron a ponerse en pie, para ver lo que pasaba: todos teníamos el trasero pintado; el papel había desteñido y dejado la marca en la culera, “al rojo vivo”.

Creo que no hubo premeditación por parte de nadie; pero el efecto de aquel suceso nos dejó a todos exhaustos de las carcajadas.

Quizás ello se explique porque estábamos en una situación propicia para que las emociones se desbordasen.

Hubo otras representaciones antes y después; pero estas permanecen indelebles en mi memoria

De: PILLADO, Rafael : “Latidos de Vida y de Conciencia” Ed. Fuxo Buxan, Ferrol, 2012