Axuda externa ós presos

Conta Luís  Costa, preso dende o ano 36 ano cárcere da Coruña, as dificultades para ter axuda de fóra e cómo agradecía  a solidariedade externa. A maioria dos reclusos tiñan unha familia con dificultades económicas e moitos deles estaban tamén en prisión .

“De volta á celda atopei un cesto ó meu nome cunha magnífica centola, un cocido, tabaco e mistos. Aquilo era meu. Por ve primiera recibía algo como os outros preso e viña dalguén que non coñecía. Canta grandeza hai nestas pequeñas cousas .

Dos meu nunca recibirá nada. Eu sempre dicía que estaba moi ben e que recibía de todo. Que ía pedir se o meu pai levaba un ano no cárcere, os meus catro irmáns, eran meniños, o meu abó tiña oitenta anos e a miña probre nai non sabía como mantelos a  todos. Os días de comunicación  ía de Vilaxoan a Cambados a pé e descalza, dez kilómetros de ida e dez de volta. Con canta impaciencia o meu pai esperaría…. “

As mulleres dos presos

Conta Hernán Quijano ( seudónimo de Luís Seoane) as tristes circunstancias polas que pasaron as mulleres dos presos da Coruñae a súa heroicidade.

“Y así, cientos y cientos. Las mujeres de los presos, cuando iban por las mañanas a la cárcel a llevarles la comida, recibían aterradas la noticia de que el preso había sido puesto en libertad la noche antes. Invariablemente el cadáver aparecía aquella misma mañana.

Las mujeres de La Coruña enloquecidas de desesperación decidieron oponerse a que aquellos crímenes continuasen. Temblando por la vida de sus padres, hijos o hermanos que cada noche podían ser asesinados, resolvieron a la desesperada no separarse ni de día ni de noche de las puertas de la prisión y, efectivamente, dispuestas a que las matasen allí antes que alejarse, constituyeron una guardia patética en torno a la cárcel.

Los centinelas las rechazaban a culatazos, y los guardias se las llevaban de allí a rastras, pero ellas resistían heroicamente en aquel lugar, y por cada una que se llevaban detenida o que caía desfallecida, diez más venían a sustituirla.

Aquella vela trágica de las mujeres en torno a la cárcel durante la madrugada para impedir que los falangistas siguieran sometiendo sus asesinatos, fue uno de los episodios más horrendos del terror. No hubo manera de arrancarles de allí. Y consiguieron que a lo menos durante unas noches los falangistas no se atrevieran a sacar de la cárcel a sus víctimas.

Pero poco después el terror tomaba nuevas formas y los asesinatos seguían cometiéndose merced a más complicados expedientes”.

Extraído de: Hernán QUIJANO (Seudónimo de Luis Seoane) Galicia Mártir – Episodios del terror blanco en las provincias gallegas. Ediciones Neos, Buenos Aires, circa 1949  

Noiteboa

 

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Cóntanos Luís Costa preso no ano 1937:

“Cando chegou a Noiteboa  había comunicacións extraordinarias e os paquetes entraban en cantidade dende moi cedo. Recibimos dez paquetes cos remites falsos porque non coñecíamos ningún nome. Ademáis nin un só dos novecentos presos quería quedar sen mandarnos algo.

Na cea, o ordenanza tróuxonos un termo de Edreira, que cheiraba máis a coñac que a café. Ceamos en silencio. A nosa imaxinación levávanos aos nosos fogares.”

Juan García Durán . Pola libertade, a loita antifanquista de Luis Costa

A Comuna

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Se constituyó, desde los primeros días, la “Comuna”, en la que participábamos todos. Fue un primer paso para ir organizando nuestro funcionamiento interno como colectivo de presos políticos. En ella, se abrió un economato, para administrar todos los alimentos que llegaban de las familias o de los amigos. A nadie se le preguntaba por lo que aportaba: se trataba de una despensa comunitaria.
Solamente se señalaba el tipo de alimentos que abundaban y los que escaseaban. Al frente de las tareas de intendencia, se situó a varios compañeros, encargados únicamente de tener todo al día. En tanto estuvieron en la prisión, fueron responsables Manuel Pillado y José Loureiro Lugrís. Creo que alguno más. Como pinche de cocina, allá se las apañaba José Torregrosa, para desesperación de Loureiro.
Poco a poco, se fue ordenando la vida diaria. Convenía llenarla de actividades que contribuyeran a la formación física e intelectual y que evitaran, en lo posible, el desánimo.
Teníamos asignadas tareas individuales, fundamentalmente la limpieza de las celdas; luego estaba la cuestión de la higiene personal: siempre intentamos orientar a que los políticos, al menos, presentásemos siempre un aspecto pulcro, lo cual ayuda a mantener la autoestima y, por tanto, la moral de cada uno: siempre cabe la posibilidad de caer en la depresión, en cierto abandono de los hábitos en el vestir y la limpieza.

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Axudas

“A mengua económica era outro dos factores que agravaban a situación das familias. Palíabase en parte coa solidaridade obreira, pois en Bazán realizábanse colecta para todos os despedidos que se canalizaban a través dos curas obreiros. Tamén foi moi importante a solidariedad internacional: recibían paquetes de roupa do leste de Europa, de Alemania e de Francia”

Xosé María Loureiro Fernández, preso no 1972

De: BLANCO CARBALLO, Antonio e BUSTABAD HERMIDA, Lorena: Biografías obreiras de Ferrol (vol II). Fundación 10 de Marzo, Compostela, 2011.

Apoio mutuo

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“Durante o día, no penal da Coruña, os presos políticos facían vida en común, celebraban faladoiros, comían xuntos e beneficiábanse da solidariedade mútua

Xosé Piñeiro Arnoso, CCOO, cárcere no 1974 con 20 anos

de: BLANCO CARBALLO, Antonio e BUSTABAD HERMIDA, Lorena: Biografías obreiras de Ferrol (vol I). Fundación 10 de Marzo, Compostela,  2011.

A axuda no exterior, as comida e o reparto

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“El sistema que utilizamos con la alimentación era el siguiente: recibíamos la comida de la cárcel; seleccionábamos la que estaba en mejores condiciones y prescindíamos de aquella que nos parecía bazofia (el llamado “filete ruso”, por ejemplo). Lo segundo abundaba más que lo primero. A la que considerábamos aceptable, le agregábamos parte de la que disponíamos procedente de la familia y amigos.

Cuando los envíos de víveres escaseaban, no nos quedaba más remedio que consumir el menú carcelario.

Es de justicia constatar que, a lo largo del tiempo de nuestra estancia allí, la solidaridad material desde el exterior fue magnífica.

Todas las familias y bastantes amigos contribuyeron, en la medida de sus posibilidades (y aun haciendo sacrificios), al bienestar entre rejas.
En mi recuerdo figura aquella fiambrera de plástico, que aún conservo; mi familia nos la hacía llegar llena de nata con fresas. Resultaba emocionante sentir tanto afecto asistiéndonos desde el otro lado de los muros.

Creo que todos engordamos. En mi caso, pese al ejercicio gimnástico que practicábamos cada mañana, llegué a reventar un pantalón de pana que me habían traído: hubo de ser reparado en varias ocasiones”.

De: PILLADO, Rafael : Latidos de Vida y de Conciencia. Ed. Fuco Buxan, Ferrol, 2012