A Comuna

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Se constituyó, desde los primeros días, la “Comuna”, en la que participábamos todos. Fue un primer paso para ir organizando nuestro funcionamiento interno como colectivo de presos políticos. En ella, se abrió un economato, para administrar todos los alimentos que llegaban de las familias o de los amigos. A nadie se le preguntaba por lo que aportaba: se trataba de una despensa comunitaria.
Solamente se señalaba el tipo de alimentos que abundaban y los que escaseaban. Al frente de las tareas de intendencia, se situó a varios compañeros, encargados únicamente de tener todo al día. En tanto estuvieron en la prisión, fueron responsables Manuel Pillado y José Loureiro Lugrís. Creo que alguno más. Como pinche de cocina, allá se las apañaba José Torregrosa, para desesperación de Loureiro.
Poco a poco, se fue ordenando la vida diaria. Convenía llenarla de actividades que contribuyeran a la formación física e intelectual y que evitaran, en lo posible, el desánimo.
Teníamos asignadas tareas individuales, fundamentalmente la limpieza de las celdas; luego estaba la cuestión de la higiene personal: siempre intentamos orientar a que los políticos, al menos, presentásemos siempre un aspecto pulcro, lo cual ayuda a mantener la autoestima y, por tanto, la moral de cada uno: siempre cabe la posibilidad de caer en la depresión, en cierto abandono de los hábitos en el vestir y la limpieza.

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O testemuño do vello Pillado

No seu libro de memorias Manuel Pillado conta o tempo pasado en prisión no ano 1972. Alí estiveron tamén con él os seus dous fillos Rafael e Raúl tamén sindicalistas. Compara a situación do cárcere no 72 coa que vivira na posguerra: a comida, a organización, describe as súas conversas cun funcionario co que xa coincidira en outras prisións e a solidaridade entre os presidiarios…

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