Pepín de la Lejía y el exilio de todos

A filla de Pepín “da lexía” lembra o seu pai ,m exiliado despois do asasiñado dos seus tres irmans.

Adicado a “Pepín da lejía”

Yo no lo vi,
Su tiempo
Sonaba prematuro .
Para mis cristalitos-ojos,
Muy informes y tenues,
Sin celulas visuales
Del todo organizadas
Que me dejaran ver.
Por tanto, no lo vi,
Pero si  lo viví: Las ropas desgajadas,
Las almas desgajadas,
¿Que iriamos a hacer?
Incognitas apenas,
Sin ninguna respuesta.
Los miedos no existían .
De tanto ya existir.
Y sobre nuestra espalda
Lejanas osamentas,
Veniamos portando,
Sabiendo de que quien.

Veníamos de lejos,

Sin esperar llegar.
Era todo lo mismo,
Todo nos daba igual.
Congelamiento estéril,
Frialdad casi mortal.
Solo eramos espanto
y un poco de verdad.
Verdad  ya encarnada

Y apenas musitada
En muy bajita voz.

Pero, aunque heridos,
De casi-muerte heridos ,
La vida nos hablaba,
Mas su hablar era ajeno,
Y por mas que dijera
No nos decía nada.
Estaba todo dicho,
Lo demás no importaba.

Dura entrada a este mundo,
Siendo solo lamento,
De penuria heredada.
Pero el mundo de uno ,
es lo que lleva adentro,
Sin siquiera nacer.
Y supe sin saber,
Que en unos pocos años,
se evaporo sus vidas,
la de ella y la de el.
Lo supe sin saber,
Como una pesadilla ,
que me arrimó la vida.
La vida no vivida,
La vida que herede.

Y aun hoy,
A la distancia,
A la larga distancia,
De décadas perdidas,
La vida sigue allí,
Por siempre congelada,
Sin poderla vivir.
Y cuando muevo un dedo,
Tan solo un solo dedo,
No logro un solo gesto
Que pueda nacer de el.

Inútil movimiento,
Sin nada que brindarme
Sin nada que brindar.
Nació en aquella infancia,
Y aun antes de nacer
Extraña sensación,
Pues todo, ¿Para que?
Me quedo quieta, quieta,
Y pregunto ¿por que?
Pues,yo ,antes que todo,
Sin siquiera entender ,
Y entendiendo también,
Remito a aquella instancia,
La misma que de niña,
Paralizo mi vida,
Mostrándome al pasar,
Con implacable acento,oído,
que no dicho:
La vida no esta aquí,
La vida esta en Galicia,
La vida esta en Madrid.
Y ahí cierro los ojos
Y pido no sentir.

 

Conchita García Pomes (una de las hijas de Pepín de la Lejía)

 

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